Alejandro Navarrete Torres
EL COSTO DE LA COMPETENCIA MÓVIL
Para nadie es novedad que el acceso móvil se ha convertido en la principal herramienta de comunicación personal en el mundo. Existen hoy en el planeta más de siete mil millones de habitantes y cerca de seis mil millones de líneas móviles. Los dispositivos de acceso móvil, ya sean teléfonos celulares, teléfonos inteligentes, tabletas o cualquier otro, se están convirtiendo en una forma muy recurrida en la que las personas acceden a servicios, información, entretenimiento y transacciones comerciales y financieras de todo tipo.
Aunque la penetración de teléfonos inteligentes aún es baja en México – menos del 15% de los 95 millones de clientes celulares tiene uno hoy– el crecimiento es notable y es probable que en un par de años al menos la mitad de las líneas móviles tenga asociado un plan de datos. Así, la telefonía como servicio, incluida la móvil, desaparecerá tal y como la conocemos hoy para agregarse como una aplicación más de dispositivos multimedia.
De la misma forma en que las empresas telefónicas de larga distancia han evolucionado hacia proveedores de soluciones integrales de información y comunicaciones, el mercado del “acceso inalámbrico móvil” es en el que se liberarán las nuevas batallas entre operadores de telecomunicaciones. De hecho, las batallas ya comenzaron desde algún tiempo, aunque se viesen como disputas por el mercado de la telefonía celular simplemente.
“Quien no tiene estrategia móvil, no tiene estrategia…” reza la consigna de uno de los gurús de Cisco Systems. Los operadores, aún los fijos, deben tener una estrategia móvil, lo que no necesariamente implica que deban hacerse de una red móvil propia. Ahí están los ejemplos de cuádruple play de Maxcom y de Megacable.
En esta realidad es donde se inserta la concentración de Televisa (principal operador de televisión abierta en México) y Iusacell (tercer operador celular del país) en la que la primera desea hacerse del 50% de la segunda. Recordemos que el anterior intento de Televisa para entrar al mercado móvil fue a través de la participación conjunta con Nextel en la controvertida licitación 21 de espectro radioeléctrico del 2010 (30 MHz en la nueva banda de 1.7/2.1 GHz). En aquel entonces, el acuerdo consistía en que Televisa se haría del 30% de Nextel de México a cambio de mil doscientos millones de dólares americanos.
Esa alianza se disolvió antes de poderse materializar, y al poco tiempo Grupo Televisa y Grupo Salinas (controladora de Grupo Iusacell y de TV Azteca, segundo operador de televisión abierta en México) anunciaron su intensión de asociarse. En este caso la apuesta de Televisa era aún mayor, al invertir mil seiscientos millones de dólares para hacerse del 50% de Grupo Iusacell. La mayor parte de la aportación de Televisa se utilizaría para el pago de la inmensa deuda de Iusacell y sólo unos 56 millones de dólares del total se destinarían a inversión en infraestructura.
Al conocerse la intención de estos dos grupos en abril del 2011, la mayoría de los analistas financieros reprobó la operación, al grado que las acciones de Televisa observaron una baja en el mercado accionario. Sin embargo, al analizarla con cuidado, la operación no sólo no parecía descabellada, sino mucho más atractiva en comparación a la que originalmente deseaba hacer con Nextel de México.
La participación de Televisa en Iusacell quedó condicionada a la aprobación de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), órgano que rechazó la operación en primera instancia en enero del 2012. La Cofeco argumentó que existían potenciales riesgos a la competencia “derivados de los incentivos a la coordinación entre ambos Grupos a raíz de su asociación en Iusacell”. Cinco meses más tarde, tras analizar los recursos de reconsideración interpuestos por las empresas afectadas ante la negativa, la Cofeco revirtió su determinación original y aprobó la concentración sujetándola al cumplimiento de varias condiciones encaminadas a promover mayor competencia en los mercados de televisión abierta y de televisión de paga.
En su determinación, la Cofeco establece que la inyección de capital en Iusacell podría redundar en una competencia más “vigorosa” en el mercado móvil, en tanto que los condicionamientos impuestos resuelven los problemas de competencia detectados.
Son muchas las voces que indican que el costo por fortalecer la competencia en el mercado móvil es muy alto y que las condiciones de Cofeco son insuficientes. Yo coincido en que los usuarios nos veremos finalmente beneficiados con mejores servicios, mayor calidad y precios más competitivos por un mercado de telecomunicaciones móviles más competido, en particular porque se promoverá aún más el acceso móvil a banda ancha, servicio que es promotor de oportunidades de crecimiento y desarrollo para sus usuarios. Del mismo modo considero que no existe argumento alguno para “prohibir” la entrada de Televisa al mercado móvil.
Por otro lado, las condiciones de Cofeco sí atienden a preocupaciones y situaciones específicas en los mercados de la televisión abierta (mayor competencia, acceso no discriminatorio a publicidad) y de la televisión de paga (venta separada de contenidos de televisión abierta y de paga, no empaquetamiento conjunto de contenidos de las dos televisoras y desincorporación de Total Play, proveedor de servicios de triple play que opera en regiones donde Televisa ya ofrece esos mismos servicios). Cambios más profundos en el equilibrio de fuerzas requerirán, necesariamente, modificaciones al marco legislativo vigente.
Finalmente, si la Cofeco hubiese conservado la negativa a la concentración, como muchos deseaban, se hubiera mantenido el actual estado de cosas: falta de mayor competencia en el mercado móvil e imposibilidad de Cofeco de imponer condiciones orientadas a mejorar la competencia en televisión abierta, en televisión de paga y en acceso a publicidad televisiva.
*Alejandro Navarrete Torres es catedrático de la Universidad Iberoamericana y Director General del Centro de Investigación e Innovación en Telecomunicaciones (Cinit). Todas las opiniones vertidas son a título personal y no necesariamente reflejan las posturas de estas organizaciones.




